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Interpretación hermenéutica de “¿A qué le tienes miedo?” de Raquel Castro

Por Amor Madai Peña R.

 Raquel Castro (Ciudad de México, 1976) es una narradora, guionista, periodista y traductora mexicana. Ha publicado varias obras de literatura infantil y juvenil. Ganó el Premio Gran Angular en 2012 con la novela Ojos llenos de sombra, es considerada una de las autoras centrales del cuento fantástico juvenil mexicano contemporáneo y tiene un interés particular por la literatura fantástica y especulativa. Tiene cuentos en distintas antologías y dos libros impresos de cuentos: Playlist y El ataque de los zombis ("Parte mil quinientos"), al cual pertenece el cuento que se analizará porque permite situar al miedo como forma de interpretación del mundo.

El cuento “¿A qué le tienes miedo?” narra la experiencia de Diana, una joven que atraviesa una noche marcada por el miedo, la culpa y el recuerdo traumático de un accidente que casi le costó la vida a su amiga Coral. La historia inicia con Diana caminando sola por una calle vacía y oscura, donde escucha que le preguntan “¿A qué le tienes miedo” (Castro, 2020, p. 98). Después despierta, desconcertada, en una habitación acompañando en el hospital a su amiga Coral. Habla con una enfermera. Luego recuerda el contexto que la ha llevado a su actual vulnerabilidad: “Hacía un par de meses que ella (Coral) había tenido un pleito peor que todos los anteriores con su papá y se había ido a vivir a un cuarto de azotea cerca de la prepa” (2020, p. 103).

Más adelante, recuerda cómo ocurrió el accidente: ella estaba sentada “en la banqueta, cerca de las taquillas, esperando a su amiga, cuando se le acercó un fulano trajeado, de unos cuarenta y cinco años” (2020, p. 104). Dicho hombre la acosó mientras esperaba a Coral, quien intervino para defenderla en cuanto llegó, pero cayó accidentalmente a la calle y fue atropellada. Diana observó cómo una sombra rodeaba al agresor se desprendía de él y entraba en la boca de Coral, como si se apropiara de su cuerpo. Luego, ya de vuelta a su actualidad, mientras intenta ver la televisión, aparecen interferencias que la hacen ver la cara de Coral, distorsionada y aterrada, pidiendo ayuda en la pantalla. En un acto decisivo, Diana confronta a la entidad, que termina entrando en su propio cuerpo. Sin embargo, al darse cuenta de que ella ya no le teme, la sombra se debilita y se desintegra.

Aunque su obra suele clasificarse dentro de la literatura fantástica juvenil, este cuento invita a explorar sus vínculos con la ciencia ficción otros géneros cercanos. Es necesario reconocer el prejuicio en torno al género ciencia ficción que considera que sólo pertenecen a él los textos que hablan de tecnología avanzada, viajes espaciales, mundos distópicos o mundos alternos explícitos. Debe tenerse presente que el intérprete “no está en condiciones de distinguir por sí mismo los prejuicios productivos que hacen posible la comprensión de aquellos otros que la obstaculizan y producen malentendidos” (Gadamer, 1999, p. 365). Por lo tanto, el mencionado prejuicio restringe la ciencia ficción al subgénero de ciencia ficción dura o hard science fiction y deja fuera otros subgéneros más sutiles y orientadas a la experiencia humana.

Si se considera que la ciencia ficción también incluye la denominada soft science fiction que especula sobre dimensiones psicológicas, sociales u ontológicas más que sobre tecnología, el cuento “¿A qué le tienes miedo?” muestra su pertenencia al género. Aquí la especulación no está relacionada con ninguna tecnología sino con la exploración de la estructura del miedo, algo más existencial.

La trama se articula alrededor de la experiencia interior de la protagonista, donde la figura del “monstruo” funciona menos como entidad materializada y más como un símbolo interpretativo que permite visibilizar la forma en que el miedo organiza la percepción. El miedo de Diana no es un mero sentimiento, sino una forma de interpretar lo que está ahí, aunque no esté presente. Lo que teme es lo que podría ser, no lo que es. El monstruo no es aquí un agente externo, sino una posibilidad del lenguaje, una forma narrativa que permite interpretar la experiencia ordinaria del ser desde otro ángulo.

La brevedad del cuento no limita las capas de sentido que despliega, sino que intensifica: la oscuridad urbana, el trauma reciente, la presencia de una sombra cambiante y una voz que interroga a la protagonista. Todo ello sitúa al lector en un terreno ambiguo donde lo percibido y lo simbólico, lo real y lo imaginario, lo subjetivo y lo externo se entrelazan en un juego constante de significación.

El miedo, tema central del cuento, puede ser abordado desde múltiples perspectivas: psicológica, sociológica o estéticamente. Sin embargo, lo que la hermenéutica aporta es la posibilidad de entender el miedo no sólo como emoción sino como fenómeno de sentido: aquello que abre un horizonte, estructura la percepción y transforma la comprensión. Esta idea se encuentra en el corazón de la hermenéutica donde los estados afectivos como el miedo constituyen modos fundamentales de comprender. El miedo se manifiesta primero en el cuerpo, pues Diana experimenta “otra vez la boca seca y las palmas de las manos húmedas” (2020, p. 107).

Comprender un cuento como “¿A qué le tienes miedo?” implica reconocer que todo acto hermenéutico es un movimiento entre horizontes: el del texto, el de su autora y el del lector que se aproxima desde un presente distinto. Como recuerda Grondin, la hermenéutica se concibe como “la inversión de la retórica” (2017, p. 29), no ya como el arte de persuadir, sino como la disciplina que nos enseña a escuchar lo que el texto nos dice más allá de nuestras expectativas iniciales. El cuento exige precisamente esa apertura, pues se sostiene en un juego inestable entre percepción, memoria, miedo y sombra, donde lo visible y lo imaginado se funden en una experiencia que requiere ser interpretada más que explicada.

Si bien Grondin afirmaba que “sólo el discurso escrito, y más en particular el de autores antiguos y lejanos, suponía un elemento de extrañeza que requería una mediación hermenéutica” (2017, p. 35), el cuento de Castro demuestra que la extrañeza no proviene únicamente de la distancia histórica, sino también de la densidad simbólica que se encuentra en los textos narrativos. La lectura se vuelve así un ejercicio de comprensión situado, donde -como señala el mismo Grondin- “una frase debe entenderse a partir de la obra y de la biografía del autor, el cual a su vez debe ser entendido a partir de su época histórica” (2017, p. 36). El miedo que atraviesa el relato no puede desligarse de la sensibilidad de la ciencia ficción juvenil mexicana, ni del contexto sociocultural que da forma a sus temores, lenguajes y cuerpos.

Desde el inicio del cuento, el espacio narrativo se define por su ambigüedad: “hasta donde alcanzaba a ver, la calle estaba vacía” (Castro, 2020, p. 98). La vaciedad del entorno no es simple descripción escenográfica; es una forma de apertura ontológica, un horizonte disponible para proyectar aquello que aún no tiene nombre. Por eso Diana se pregunta: “¿A qué le tienes miedo?” (2020, p. 98), y lo hace desde una perplejidad que escapa a su propia conciencia. La pregunta, que reaparece luego con una voz que “no reconoció como su propia voz” (2020, p. 99), marca la entrada del lector en el círculo hermenéutico, ese movimiento que Gadamer denomina “la interpenetración del movimiento de la tradición y del movimiento del intérprete” (1999, p. 363). La voz desconocida no sólo interpela a la protagonista; interpela también al lector que intenta comprender qué es el miedo en este relato, desde dónde emerge, qué tradición de monstruos, sombras y peligros lo preceden.

El miedo, en el cuento, se manifiesta primero como señal corporal: “Tenía, como en la pesadilla de la que acababa de escapar, las palmas de las manos húmedas y la boca seca” (2020, p. 100). El cuerpo es aquí el lugar donde se inscribe el sentido previo a cualquier representación. Gadamer advierte que “el que intenta comprender está expuesto a confundirse por las opiniones previas” (1998, p. 65), por lo que la comprensión implica contrastar nuestras hipótesis “con las cosas mismas”. Diana no comprende aún qué teme, pero lo siente. Su cuerpo lo sabe antes que ella, y su interpretación debe negociarse entre la sospecha, la memoria y los signos del entorno: “De algún lugar muy lejos provenía un sonido rítmico y agudo” (2020, p. 99). La fenomenología del miedo emerge como un horizonte que se abre en dirección al sentido, un horizonte que, al decir de Gadamer, “abarca y encierra todo lo que es visible desde un determinado punto” (1999, p. 372). El punto de vista de Diana es limitado, pero su miedo amplifica cualquier indicio sensorial hasta convertirlo en amenaza.

La sombra que aparece progresivamente en el cuento -visible sólo para Diana- constituye el eje simbólico central del relato. Al principio, cuando un hombre trajeado la acosa, Diana percibe alrededor de él “una especie de sombra muy sutil, apenas más oscura que el aire. ‘Es el miedo’, pensó Diana” (p. 105). Esta interpretación cobra sentido en “la intersección del mundo del texto con el mundo del lector” (Ricoeur, 2006, p. 15). La sombra es miedo, pero también es algo más: una entidad que se desprende del agresor, que reacciona a la presencia de Coral, que se condensa, adquiere forma y “con un movimiento como el de la serpiente que se lanza a morder, se metió en la boca de Coral” (2020, pp. 106). Además, la sombra, al cubrir “lentamente el cuerpo de Coral como un sudario” (2020, pp.108), se vuelve metáfora visual del miedo que inmoviliza.

El mundo del texto produce aquí una metáfora ontológica del miedo. No es sólo representación: actúa, invade, consume, habita cuerpos. Ricoeur lo explicaría como un ejercicio de variación imaginativa: “es a través de las variaciones imaginativas sobre nuestro propio ego que intentamos alcanzar una comprensión narrativa de nosotros mismos” (2006, p. 22). La sombra se convierte en una entidad narrativa que traduce el miedo en entidad visible, casi tangible, permitiendo que la protagonista reconozca en ella una amenaza que excede lo psicológico y toca lo ontológico.

El retorno de Coral, primero a través de la pantalla -“vio la silueta temblorosa de una cara… la cara de Coral” (Castro, 2020, p. 106)- y luego como cuerpo poseído por la sombra, muestra cómo la narración trabaja el motivo de lo espectral desde claves contemporáneas. La televisión interferida, la luz de la lámpara halógena, la espesura de la oscuridad (“la oscuridad era tan densa que parecía tragarse la poca iluminación” [2020, p. 107]) funcionan como elementos de un escenario donde lo cotidiano se distorsiona. La sombra, otra vez, aparece “exactamente igual que en su pesadilla” (2020, p. 108), lo que confirma que la comprensión de Diana está atravesada por lo que Gadamer llamaría historia efectual: su pasado inmediato organiza lo que puede o no puede ver. El texto se vuelve lenguaje para ella -y para nosotros- sólo cuando interpretamos cómo su experiencia previa (el acoso, el accidente de Coral, la pesadilla) estructura su modo de comprender lo que sucede.

La escena final, donde la sombra abandona a Coral y entra en el cuerpo de Diana -“recorrer su brazo, su cuello, su rostro… hasta entrar por uno de sus ojos” (Castro, 2020, p. 109)- es un gesto simbólico de transferencia del miedo. La sombra intenta someter a Diana, pero la protagonista, en una epifanía hermenéutica, reconoce su propio acto de resistencia: “no es a ti a lo que le tengo miedo” (2020, p. 109). En ese instante, la identidad narrativa de Diana se reconfigura; su comprensión de sí misma ya no se organiza en torno al temor, sino a la valentía. La sombra “sufre” (2020, p. 109) dentro de ella, debilitada por esta reescritura de la identidad, hasta que finalmente “de su boca brotaba un polvo negro y espeso” (2020, p. 110): la sombra se disuelve, no por fuerza física, sino por reconfiguración del significado.

Interpretar este final implica reconocer que “el horizonte de sentido de la comprensión no puede limitarse por lo que el autor tenía originalmente en mente ni por el horizonte del destinatario al que se dedicó el texto en origen” (Gadamer, 1999, p. 474). La sombra no es sólo monstruo, ni sólo miedo: es un símbolo ambivalente que integra trauma, pasado, deseo de supervivencia y agencia. Como afirma Gadamer, “interpretar significa justamente aportar los propios conceptos previos” (1999, p. 477) para que el texto hable. La obra no impone un único significado; ofrece una estructura para que el lector reconstruya el sentido desde su propio horizonte.

El cuento “¿A qué le tienes miedo?” activa los prejuicios sobre el género y los transforma, de manera que amplía el horizonte de lo que se considera ciencia ficción. Además, se revela como una exploración hermenéutica del miedo, donde la sombra funciona como metáfora ontológica, la comprensión se articula en el círculo hermenéutico, y la identidad narrativa se transforma mediante la imaginación del peligro y su confrontación. La obra de Castro se inscribe en la ciencia ficción blanda y el fantástico psicológico, pero su verdadero aporte al género es la manera en que convierte el miedo en lenguaje, en símbolo y en experiencia compartida entre texto y lector.

Para concluir, quisiera agregar que en una primera lectura vi a la sombra como un mero elemento narrativo. Al abordarlo desde una perspectiva hermenéutica, pude ver la sombra como una forma en que el miedo existe y condiciona la comprensión del mundo, como un lenguaje visual del miedo que aparece cuando se distorsiona la percepción y entra la incertidumbre. Así, la compresión surgió como un diálogo entre el texto y mis expectativas previas que tuvieron que transformarse con las lecturas.

 

Referencias

Castro, R. (2020). ¿A qué le tienes miedo? En El ataque de los Zombis (Parte mil quinientos) (pp. 98-110). Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la educación.

Gadamer, H.-G. (1998). Verdad y Método II (M. Olasagasti, Trad.). Sígueme.

Gadamer, H.-G. (1999). Verdad y método I (A. Agud Aparicio & R. de Agapito, Trads.; Octavaedición). Ediciones Sígueme.

Grondin, J. (2017). ¿Qué es la hermenéutica? (A. Martínez-Riu, Trad.). Herder, Editorial S.A.

Ricoeur, P. (2006). La Vida: Un relato en busca de narrador. Ágora: papeles de filosofía, 25(2), 9-22.

 

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