Por Amor Madai Peña R.
El cuento “¿A qué le tienes miedo?” narra la experiencia de
Diana, una joven que atraviesa una noche marcada por el miedo, la culpa y el
recuerdo traumático de un accidente que casi le costó la vida a su amiga Coral.
La historia inicia con Diana caminando sola por una calle vacía y oscura, donde
escucha que le preguntan “¿A qué le tienes miedo” (Castro, 2020, p. 98).
Después despierta, desconcertada, en una habitación acompañando en el hospital
a su amiga Coral. Habla con una enfermera. Luego
recuerda el contexto que la ha llevado a su actual vulnerabilidad: “Hacía un
par de meses que ella (Coral) había tenido un pleito peor que todos los
anteriores con su papá y se había ido a vivir a un cuarto de azotea cerca de la
prepa” (2020, p. 103).
Más adelante, recuerda cómo ocurrió el accidente: ella
estaba sentada “en la banqueta, cerca de las taquillas, esperando a su amiga,
cuando se le acercó un fulano trajeado, de unos cuarenta y cinco años” (2020,
p. 104). Dicho hombre la acosó mientras esperaba a Coral, quien intervino para
defenderla en cuanto llegó, pero cayó accidentalmente a la calle y fue
atropellada. Diana observó cómo una sombra rodeaba al agresor se desprendía de
él y entraba en la boca de Coral, como si se apropiara de su cuerpo. Luego, ya
de vuelta a su actualidad, mientras intenta ver la televisión, aparecen
interferencias que la hacen ver la cara de Coral, distorsionada y aterrada,
pidiendo ayuda en la pantalla. En un acto decisivo, Diana confronta a la
entidad, que termina entrando en su propio cuerpo. Sin embargo, al darse cuenta
de que ella ya no le teme, la sombra se debilita y se desintegra.
Aunque su obra suele clasificarse dentro de la literatura
fantástica juvenil, este cuento invita a explorar sus vínculos con la ciencia
ficción otros géneros cercanos. Es necesario reconocer el prejuicio en torno al
género ciencia ficción que considera que sólo pertenecen a él los textos que
hablan de tecnología avanzada, viajes espaciales, mundos distópicos o mundos
alternos explícitos. Debe tenerse presente que el intérprete “no está en
condiciones de distinguir por sí mismo los prejuicios productivos que hacen
posible la comprensión de aquellos otros que la obstaculizan y producen
malentendidos” (Gadamer, 1999, p. 365). Por lo
tanto, el mencionado prejuicio restringe la ciencia ficción al subgénero de
ciencia ficción dura o hard science fiction y deja fuera otros
subgéneros más sutiles y orientadas a la experiencia humana.
Si se considera que la ciencia ficción también incluye la
denominada soft science fiction que especula sobre dimensiones
psicológicas, sociales u ontológicas más que sobre tecnología, el cuento “¿A
qué le tienes miedo?” muestra su pertenencia al género. Aquí la especulación no
está relacionada con ninguna tecnología sino con la exploración de la
estructura del miedo, algo más existencial.
La trama se articula alrededor de la experiencia interior de
la protagonista, donde la figura del “monstruo” funciona menos como entidad
materializada y más como un símbolo interpretativo que permite visibilizar la
forma en que el miedo organiza la percepción. El miedo de Diana no es un mero
sentimiento, sino una forma de interpretar lo que está ahí, aunque no esté
presente. Lo que teme es lo que podría ser, no lo que es. El monstruo no es
aquí un agente externo, sino una posibilidad del lenguaje, una forma narrativa
que permite interpretar la experiencia ordinaria del ser desde otro
La brevedad del cuento no limita las capas de sentido que
despliega, sino que intensifica: la oscuridad urbana, el trauma reciente, la
presencia de una sombra cambiante y una voz que interroga a la protagonista.
Todo ello sitúa al lector en un terreno ambiguo donde lo percibido y lo simbólico,
lo real y lo imaginario, lo subjetivo y lo externo se entrelazan en un juego
constante de significación.
El miedo, tema central del cuento, puede ser abordado desde
múltiples perspectivas: psicológica, sociológica o estéticamente. Sin embargo,
lo que la hermenéutica aporta es la posibilidad de entender el miedo no sólo
como emoción sino como fenómeno de sentido: aquello que abre un horizonte,
estructura la percepción y transforma la comprensión. Esta idea se encuentra en
el corazón de la hermenéutica donde los estados afectivos como el miedo
constituyen modos fundamentales de comprender. El miedo se manifiesta primero
en el cuerpo, pues Diana experimenta “otra vez la boca seca y las palmas de las
manos húmedas” (2020, p. 107).
Comprender un cuento como “¿A qué le tienes miedo?” implica
reconocer que todo acto hermenéutico es un movimiento entre horizontes: el del
texto, el de su autora y el del lector que se aproxima desde un presente
distinto. Como recuerda Grondin, la hermenéutica se concibe como “la inversión
de la retórica” (2017, p. 29), no ya como el arte de persuadir, sino como la
disciplina que nos enseña a escuchar lo que el texto nos dice más allá de
nuestras expectativas iniciales. El cuento exige precisamente esa apertura,
pues se sostiene en un juego inestable entre percepción, memoria, miedo y
sombra, donde lo visible y lo imaginado se funden en una experiencia que
requiere ser interpretada más que explicada.
Si bien Grondin afirmaba que “sólo el discurso escrito, y
más en particular el de autores antiguos y lejanos, suponía un elemento de
extrañeza que requería una mediación hermenéutica” (2017, p. 35), el cuento de
Castro demuestra que la extrañeza no proviene únicamente de la distancia
histórica, sino también de la densidad simbólica que se encuentra en los textos
narrativos. La lectura se vuelve así un ejercicio de comprensión situado, donde
-como señala el mismo Grondin- “una frase debe entenderse a partir de la obra y
de la biografía del autor, el cual a su vez debe ser entendido a partir de su
época histórica” (2017, p. 36). El miedo que atraviesa el relato no puede
desligarse de la sensibilidad de la ciencia ficción juvenil mexicana, ni del
contexto sociocultural que da forma a sus temores, lenguajes y cuerpos.
Desde el inicio del cuento, el espacio narrativo se define
por su ambigüedad: “hasta donde alcanzaba a ver, la calle estaba vacía”
(Castro, 2020, p. 98). La vaciedad del entorno no es simple descripción
escenográfica; es una forma de apertura ontológica, un horizonte disponible
para proyectar aquello que aún no tiene nombre. Por eso Diana se pregunta: “¿A
qué le tienes miedo?” (2020, p. 98), y lo hace desde una perplejidad que escapa
a su propia conciencia. La pregunta, que reaparece luego con una voz que “no
reconoció como su propia voz” (2020, p. 99), marca la entrada del lector en el
círculo hermenéutico, ese movimiento que Gadamer denomina “la interpenetración
del movimiento de la tradición y del movimiento del intérprete” (1999, p. 363).
La voz desconocida no sólo interpela a la protagonista; interpela también al
lector que intenta comprender qué es el miedo en este relato, desde dónde
emerge, qué tradición de monstruos, sombras y peligros lo preceden.
El miedo, en el cuento, se manifiesta primero como señal
corporal: “Tenía, como en la pesadilla de la que acababa de escapar, las palmas
de las manos húmedas y la boca seca” (2020, p. 100). El cuerpo es aquí el lugar
donde se inscribe el sentido previo a cualquier representación. Gadamer
advierte que “el que intenta comprender está expuesto a confundirse por las
opiniones previas” (1998, p. 65), por lo que la comprensión implica contrastar
nuestras hipótesis “con las cosas mismas”. Diana no comprende aún qué teme,
pero lo siente. Su cuerpo lo sabe antes que ella, y su interpretación debe
negociarse entre la sospecha, la memoria y los signos del entorno: “De algún
lugar muy lejos provenía un sonido rítmico y agudo” (2020, p. 99). La
fenomenología del miedo emerge como un horizonte que se abre en dirección al
sentido, un horizonte que, al decir de Gadamer, “abarca y encierra todo lo que
es visible desde un determinado punto” (1999, p. 372). El punto de vista de
Diana es limitado, pero su miedo amplifica cualquier indicio sensorial hasta
convertirlo en amenaza.
La sombra que aparece progresivamente en el cuento -visible
sólo para Diana- constituye el eje simbólico central del relato. Al principio,
cuando un hombre trajeado la acosa, Diana percibe alrededor de él “una especie
de sombra muy sutil, apenas más oscura que el aire. ‘Es el miedo’, pensó Diana”
(p. 105). Esta interpretación cobra sentido en “la intersección del mundo del
texto con el mundo del lector” (Ricoeur, 2006, p. 15). La sombra es miedo, pero
también es algo más: una entidad que se desprende del agresor, que reacciona a
la presencia de Coral, que se condensa, adquiere forma y “con un movimiento
como el de la serpiente que se lanza a morder, se metió en la boca de Coral”
(2020, pp. 106). Además, la sombra, al cubrir “lentamente el cuerpo de Coral como
un sudario” (2020, pp.108), se vuelve metáfora visual del miedo que inmoviliza.
El mundo del texto produce aquí una metáfora ontológica del
miedo. No es sólo representación: actúa, invade, consume, habita cuerpos.
Ricoeur lo explicaría como un ejercicio de variación imaginativa: “es a través
de las variaciones imaginativas sobre nuestro propio ego que
intentamos alcanzar una comprensión narrativa de nosotros mismos” (2006, p.
22). La sombra se convierte en una entidad narrativa que traduce el miedo en
entidad visible, casi tangible, permitiendo que la protagonista reconozca en
ella una amenaza que excede lo psicológico y toca lo ontológico.
El retorno de Coral, primero a través de la pantalla -“vio
la silueta temblorosa de una cara… la cara de Coral” (Castro, 2020, p. 106)- y
luego como cuerpo poseído por la sombra, muestra cómo la narración trabaja el
motivo de lo espectral desde claves contemporáneas. La televisión interferida,
la luz de la lámpara halógena, la espesura de la oscuridad (“la oscuridad era
tan densa que parecía tragarse la poca iluminación” [2020, p. 107]) funcionan
como elementos de un escenario donde lo cotidiano se distorsiona. La sombra,
otra vez, aparece “exactamente igual que en su pesadilla” (2020, p. 108), lo
que confirma que la comprensión de Diana está atravesada por lo que Gadamer
llamaría historia efectual: su pasado inmediato organiza lo que puede o no
puede ver. El texto se vuelve lenguaje para ella -y para nosotros- sólo cuando
interpretamos cómo su experiencia previa (el acoso, el accidente de Coral, la
pesadilla) estructura su modo de comprender lo que sucede.
La escena final, donde la sombra abandona a Coral y entra en
el cuerpo de Diana -“recorrer su brazo, su cuello, su rostro… hasta entrar por
uno de sus ojos” (Castro, 2020, p. 109)- es un gesto simbólico de transferencia
del miedo. La sombra intenta someter a Diana, pero la protagonista, en una
epifanía hermenéutica, reconoce su propio acto de resistencia: “no es a ti a lo
que le tengo miedo” (2020, p. 109). En ese instante, la identidad narrativa de
Diana se reconfigura; su comprensión de sí misma ya no se organiza en torno al
temor, sino a la valentía. La sombra “sufre” (2020, p. 109) dentro de ella,
debilitada por esta reescritura de la identidad, hasta que finalmente “de su
boca brotaba un polvo negro y espeso” (2020, p. 110): la sombra se disuelve, no
por fuerza física, sino por reconfiguración del significado.
Interpretar este final implica reconocer que “el horizonte
de sentido de la comprensión no puede limitarse por lo que el autor tenía
originalmente en mente ni por el horizonte del destinatario al que se dedicó el
texto en origen” (Gadamer, 1999, p. 474). La sombra no es sólo monstruo, ni
sólo miedo: es un símbolo ambivalente que integra trauma, pasado, deseo de
supervivencia y agencia. Como afirma Gadamer, “interpretar significa justamente
aportar los propios conceptos previos” (1999, p. 477) para que el texto hable.
La obra no impone un único significado; ofrece una estructura para que el
lector reconstruya el sentido desde su propio horizonte.
El cuento “¿A qué le tienes miedo?” activa los prejuicios
sobre el género y los transforma, de manera que amplía el horizonte de lo que
se considera ciencia ficción. Además, se revela como una exploración
hermenéutica del miedo, donde la sombra funciona como metáfora ontológica, la
comprensión se articula en el círculo hermenéutico, y la identidad narrativa se
transforma mediante la imaginación del peligro y su confrontación. La obra de
Castro se inscribe en la ciencia ficción blanda y el fantástico psicológico,
pero su verdadero aporte al género es la manera en que convierte el miedo en
lenguaje, en símbolo y en experiencia compartida entre texto y lector.
Para concluir, quisiera agregar que en una primera lectura
vi a la sombra como un mero elemento narrativo. Al abordarlo desde una
perspectiva hermenéutica, pude ver la sombra como una forma en que el miedo
existe y condiciona la comprensión del mundo, como un lenguaje visual del miedo
que aparece cuando se distorsiona la percepción y entra la incertidumbre. Así,
la compresión surgió como un diálogo entre el texto y mis expectativas previas
que tuvieron que transformarse con las lecturas.
Referencias
Castro,
R. (2020). ¿A qué le tienes miedo? En El ataque de los Zombis (Parte mil
quinientos) (pp. 98-110). Universidad Nacional Autónoma de México,
Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la educación.
Gadamer,
H.-G. (1998). Verdad y Método II (M. Olasagasti, Trad.). Sígueme.
Gadamer,
H.-G. (1999). Verdad y método I (A. Agud Aparicio & R. de Agapito,
Trads.; Octavaedición). Ediciones Sígueme.
Grondin,
J. (2017). ¿Qué es la hermenéutica? (A. Martínez-Riu, Trad.). Herder,
Editorial S.A.
Ricoeur,
P. (2006). La Vida: Un relato en busca de narrador. Ágora: papeles de
filosofía, 25(2), 9-22.
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